Castillo de Castrillo de la Vega | Fotos e información

El Castillo de Castrillo de la Vega, en Burgos, es una fortificación medieval del siglo XV, conocida también como Torre del Monte o Atalaya del Montecillo.

🏛 Tipo: Castillo medieval militar / pequeña fortaleza


🕰 Época: Siglo XV


🛠 Estado: Ruina progresiva; conserva restos del cubo noreste, parte de la muralla y los fosos


🚗 Acceso: En vehículo hasta el pie de la ladera y después a pie


🥾 Dificultad: Baja


📷 Ideal para fotografía: ⭐⭐⭐⭐⭐


🌅 Mejor momento para visitar: Últimas horas de la tarde


🗺 Ubicación: Paraje de Valdemontejo, Castrillo de la Vega, Burgos


Interés histórico: Alto

Introducción

El llamado Castillo de Castrillo de la Vega, conocido históricamente como Torre del Monte o Atalaya del Montecillo, es una pequeña fortificación medieval situada en el término municipal de Castrillo de la Vega, en la Ribera del Duero burgalesa. Sus restos se encuentran fuera del núcleo urbano, sobre una elevación del paraje de Valdemontejo, entre Castrillo de la Vega y Aranda de Duero. La Asociación Española de Amigos de los Castillos lo identifica como un castillo medieval militar del siglo XV, de planta cuadrada y construido en mampostería.

Hoy queda muy poco de aquella fortificación. Sin embargo, los restos conservados permiten reconocer parte de su organización original: un recinto cuadrangular con cubos en las esquinas, murallas y doble foso, además de troneras. Su posición elevada tenía un valor estratégico evidente, ya que dominaba el entorno del Duero y el antiguo camino real que comunicaba Aranda con Peñafiel y Valladolid.

Historia

Un territorio de frontera y vigilancia

El entorno de Castrillo de la Vega adquirió importancia durante la expansión castellana hacia el Duero. La Diputación Provincial de Burgos sitúa la incorporación de esta zona al espacio castellano en el contexto de la conquista de Aza en 912, dirigida por Gonzalo Fernández, conde de Lara. El poblamiento de Castrillo se desarrolló posteriormente como parte de ese territorio de defensa y colonización.

La localidad aparece documentada en 1054, cuando figura con el nombre de Castrillo de Aranda en documentación relacionada con el monasterio de San Pedro de Arlanza. No obstante, es importante separar esta antigüedad documental de la fortificación que hoy conocemos: la Torre del Monte conservada como castillo corresponde a una construcción del siglo XV, y no existe base suficiente para afirmar que el edificio actual sea medieval altomedieval.

La construcción de 1456

La historia documentada de la fortaleza comienza en 1456. En ese momento, Diego de Zúñiga, señor de Aza, inició la construcción de una fortificación prácticamente en el límite entre la Tierra de Aza y la Tierra de Aranda.

La ubicación provocó inmediatamente la oposición del concejo de Aranda de Duero, que consideraba problemática la construcción de la fortaleza en aquel lugar. El conflicto llegó a conocimiento del rey Enrique IV de Castilla, quien ordenó investigar el asunto y detener la construcción. Pese a ello, la fortaleza terminó levantándose. La existencia de una carta real fechada el 14 de abril de 1456 y de documentación notarial relacionada con el conflicto permite conocer con bastante precisión este episodio.

Control del camino hacia Valladolid

La elección del emplazamiento no fue casual. El castillo se levantó sobre unas lomas desde las que se obtenía un amplio dominio visual sobre el valle del Duero.

Además, se encontraba próximo al antiguo camino real entre Aranda de Duero, Peñafiel y Valladolid, una vía por la que circulaban personas, mercancías y ganado. Su posición permitía controlar visualmente este corredor y convertía la pequeña fortaleza en un punto de vigilancia de considerable valor estratégico.

La fortificación, por tanto, no necesitaba tener las dimensiones de los grandes castillos de frontera. Su propia ubicación elevada y su sistema de fosos y cubos defensivos contribuían a convertirla en un puesto de vigilancia y control territorial.

Del castillo a la ruina

Durante los siglos posteriores la fortaleza perdió progresivamente su función militar. El deterioro fue avanzando hasta que, en el siglo XIX, el castillo ya presentaba un estado de abandono importante.

El historiador burgalés Isidro Gil y Gavilondo llegó a conocer sus restos todavía en pie y dejó constancia gráfica de ellos en 1860 y 1888. Su descripción permite imaginar un edificio mucho más completo que el que podemos contemplar actualmente: hablaba de una pequeña fortaleza flanqueada por torrecillas almenadas y de una entrada situada entre dos sólidos cubos, rematada por un arco de medio punto.

Arquitectura

El castillo tenía originalmente una planta cuadrada, una característica que todavía puede reconstruirse a partir de los restos conservados. En las esquinas se disponían cubos defensivos, mientras que los lienzos de muralla cerraban el recinto. La construcción estaba realizada fundamentalmente en mampostería, sistema constructivo que también recoge la Asociación Española de Amigos de los Castillos.

Actualmente se conserva en pie principalmente el cubo situado en el ángulo noreste, además de un tramo de la muralla septentrional. Aunque se trata de restos muy reducidos, permiten identificar la geometría del recinto y comprender que no se trataba simplemente de una torre aislada, sino de una pequeña fortaleza cerrada.

Uno de los elementos más interesantes que todavía pueden reconocerse es el doble foso que rodeaba la fortificación. La presencia de dos líneas defensivas excavadas en el terreno reforzaba considerablemente la protección de la pequeña plaza y obligaba a superar un obstáculo adicional antes de alcanzar los muros.

Los restos conservan también troneras, aberturas destinadas al empleo de armas de fuego. Este detalle es especialmente significativo porque encaja con la cronología del edificio: estamos ante una fortificación del siglo XV, en un momento en el que la arquitectura militar castellana comenzaba a incorporar de forma habitual soluciones defensivas adaptadas a la artillería y a las armas de pólvora.

Las descripciones de Isidro Gil permiten completar parcialmente la imagen perdida. El castillo poseía torrecillas almenadas, cubos de mayor tamaño y una puerta con arco de medio punto situada entre dos de los elementos defensivos. Actualmente esa portada ya no se conserva, pero sus dibujos del siglo XIX constituyen una documentación histórica muy valiosa para conocer el aspecto que tuvo la fortaleza antes de su desaparición casi completa.

Nuestra visita

El Castillo de Castrillo de la Vega es uno de esos lugares en los que la fotografía puede servir también para reconstruir visualmente un monumento desaparecido.

Los restos actuales son escasos, por lo que resulta interesante fotografiar no solamente el cubo y la muralla que permanecen en pie, sino también los fosos y la propia elevación del terreno. La fotografía tomada desde cierta distancia ayuda a comprender la posición estratégica del castillo mucho mejor que una imagen exclusivamente de los restos.

Para Castillos del Olvido, hay además una posibilidad especialmente interesante: utilizar junto a las fotografías actuales alguna de las ilustraciones históricas de Isidro Gil como referencia documental, mostrando cómo era la fortificación en el siglo XIX y cuánto ha desaparecido desde entonces.

La luz de la tarde puede funcionar especialmente bien sobre la mampostería y las lomas de la Ribera del Duero. Al ser una ruina muy abierta, también merece la pena trabajar composiciones panorámicas en las que el paisaje tenga tanto protagonismo como la propia fortificación.

Cómo llegar

La fortaleza se encuentra fuera del núcleo urbano de Castrillo de la Vega, en el paraje de Valdemontejo, entre Castrillo de la Vega y Aranda de Duero.

La Asociación Española de Amigos de los Castillos indica que se puede llegar en vehículo hasta el pie de la ladera y que después queda un tramo sencillo que debe realizarse a pie hasta las ruinas.

No conviene confundir este emplazamiento con las fortificaciones de otras localidades denominadas Castrillo. En este caso hablamos específicamente de la Torre del Monte de Castrillo de la Vega, Burgos.

Qué ver en los alrededores
  • Castrillo de la Vega, localidad vinculada históricamente al sistema defensivo del Duero.

  • Aranda de Duero, muy próxima al castillo y relacionada directamente con el conflicto que provocó su construcción.

  • Ribera del Duero, con sus viñedos y paisajes característicos.

  • Puente de San Roque, cuyos restos son considerados probablemente medievales.

  • Iglesia de Santiago Apóstol de Castrillo de la Vega.

  • Ermita de la Virgen de la Vega.

  • Castillo de Haza, otra fortificación histórica de gran importancia en este sector del Duero.

  • Castillo de Torregalindo, en el entorno de la Ribera del Duero.

La propia Diputación Provincial de Burgos incluye entre los elementos patrimoniales de Castrillo de la Vega la Torre del Monte, el puente de San Roque, la iglesia de Santiago y la ermita de la Virgen de la Vega.

Curiosidades
  • La fortificación recibe los nombres de Torre del Monte y Atalaya del Montecillo.

  • La construcción del castillo comenzó en 1456 y provocó un conflicto entre Diego de Zúñiga y el concejo de Aranda de Duero.

  • El rey Enrique IV ordenó investigar la construcción y detenerla, pero la fortaleza terminó siendo levantada.

  • El castillo tenía originalmente planta cuadrada, cubos en las esquinas y doble foso.

  • El historiador Isidro Gil dejó dibujos de la fortaleza correspondientes a 1860 y 1888, cuando todavía se conservaban muchos más elementos que en la actualidad.

Conclusión

El Castillo de Castrillo de la Vega es hoy una fortificación prácticamente desaparecida, pero su reducido conjunto de restos conserva una historia especialmente interesante. Levantado en 1456 en el límite entre las tierras de Aza y Aranda, su construcción provocó un conflicto político con el concejo de Aranda y estuvo relacionada con el control visual del valle del Duero y del antiguo camino hacia Peñafiel y Valladolid.

Su cubo noreste, el tramo de muralla, los restos de las troneras y el doble foso son los últimos vestigios materiales de aquella fortaleza. Gracias a la documentación histórica y, sobre todo, a los dibujos realizados por Isidro Gil en el siglo XIX, todavía es posible reconstruir mentalmente la pequeña fortaleza que dominaba aquellas lomas.

Para Castillos del Olvido, precisamente esa condición de ruina casi desaparecida le da un valor especial: aquí la fotografía no solo registra lo que queda, sino que ayuda a conservar la memoria de lo que hubo.

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